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  Sección: "La Memoria de Desmemoria"

 

San Martín y la cuestión de su origen filiatorio: Reflexiones críticas

 por Diego Ignacio Sarcona


Curriculum Vitae

Diego Ignacio Sarcona. 28 años. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Investigador del Instituto Nacional Sanmartiniano. Representante del Departamento Judicial de San Martín ante el Departamento Histórico- Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Fundador y vicepresidente del Ateneo de Estudios Históricos "Francisco González". Columnista en el periódico "El Tradicional". Ha ofrecido conferencias en distintas instituciones en Buenos Aires y el interior del país y asistido como disertante en numerosos congresos. Miembro Titular en el Segundo Congreso Internacional Sanmartiniano.

 

 

La conmemoración del sesquicentenario de la muerte de José de San Martín despertó en muchos de los argentinos la curiosidad por el conocimiento de quien es en gran medida el responsable de su libertad. Sin embargo, a partir de la necesidad de humanizar al héroe y desacralizar la historia, aquellos que cuestionaban la existencia de un San Martín entallado en el bronce, aparecen ahora como los dueños de una realidad oculta y nos invitan a reconocer y aceptar la verdad histórica, pretendiendo ser depositarios de la misma en reemplazo de aquellos a quienes otrora criticaban.

Particularmente, uno de estos trabajos reivindica –según entiende su autor- el origen mestizo del general San Martín. Analiza algunas impresiones de contemporáneos y autores referentes a aspectos físicos del Libertador tales como el color de su piel y episodios de su vida. Atribuye finalmente a don Diego de Alvear y Ponce de León y a una indígena correntina de origen guaraní el carácter de verdaderos progenitores del prócer y nos invita a abandonar los prejuicios y reconocer el pasado.

Su hipótesis de trabajo descansa sobre un breve extracto de una presunta memoria de Joaquina de Alvear y Saenz de Quintanilla del año 1877 en la cual afirma que fue "hijo natural de mi abuelo, el señor don Diego de Alvear y Ponce de León, habido de una indígena correntina, el general José de San Martín". A partir de la misma, el autor apoyado en relatos que se transmitieron en el seno de la familia Alvear -elementos éstos no documentados- argumenta las circunstancias en las que habría tenido lugar el contacto entre el marino español y la indígena correntina. Sostiene "En 1778 fue comisionado al frente de una división para ejecutar el tratado de límites sobre los ríos Paraná y Uruguay e inició el reconocimiento y demarcación de aquellos dilatados territorios, yendo y viniendo por entre las selvas, las asechanzas de las fieras y los asentamientos aborígenes, en una labor que se prolongaría durante más de dos décadas.

En ese momento de sus andanzas, según el relato que se transmitió en la familia Alvear, en algún lugar de las antiguas misiones jesuíticas, el inquieto marino, siendo aún soltero mantuvo relaciones con una indígena guaraní que engendró un niño. Diego de Alvear encomendó el cuidado del niño al teniente gobernador de la reducción de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el capitán Juan de San Martín, y a su señora Gregoria Matorras, una matrona de 40 años que ya tenía cuatro hijos; como era habitual en casos semejantes, ellos se avinieron a criarlo como propio. El niño fue José Francisco de San Martín" .

Surge claramente de su investigación, que las relaciones que mantuvo Diego de Alvear con la indígena guaraní habrían tenido lugar en oportunidad de desarrollar éste su labor como oficial científico a cargo de la segunda comisión demarcadora de límites, esto es -según menciona en su trabajo- a partir de 1778 fecha en que habría sido designado para tal encargo.

No es caprichoso que el investigador haya señalado esta circunstancia histórica como marco en el que habría tenido lugar la relación fruto de la cual naciera -según entiende- José de San Martín. Es acaso, la misma, el único momento que documentadamente, nos da certeza del paso del marino por las misiones. En efecto, la comisión mixta demarcadora de límites fue creada como consecuencia de lo establecido en el artículo XV del Tratado suscripto por España y Portugal en San Ildefonso el 1º de octubre de 1777. La misma tenía a su cargo el establecimiento de la línea divisoria entre los dominios de ambas coronas en América, entendimiento propiciado por los Pactos de Familia que unían a ambos monarcas. Luego de una trabajosa y encomiable labor que se extendió hasta 1804, don Diego de Alvear entregó un detallado informe de sus observaciones. El mismo se divide en tres partes: la primera contiene el Diario de viaje de la expedición, con todo lo relativo a éste y a los trabajos de la partida a sus órdenes. Como suplemento del mismo se halla la Relación Geográfica e Histórica de la provincia de Misiones con una colección de planos de las comarcas, fuertes, pueblos y puntos principales que se transitaron y describen con una tabla de latitudes y longitudes; la segunda, una completa colección de todas las observaciones astronómicas y aún meteorológicas y la tercera, la historia natural de la región.

Existen, varias copias manuscritas de su informe. Una copia perteneció al general Agustín P. Justo, otra existe en la Biblioteca Nacional, otra en el British Museum en Lóndres, otra en el Archivo de la Academia Nacional de Historia de España, otra en el Archivo de la familia Alvear en Montilla, España, etc.

De las portadas de dicho diario en tres de sus versiones escritas de puño y letra del propio Diego de Alvear (la copia del British Museum, la que perteneciera a Agustín P. Justo y la existente en la Biblioteca Nacional) se advierte que fue sólo a partir de diciembre de 1783 que Diego de Alvear partía desde Buenos Aires para efectuar su comisión de demarcación de los ríos Paraná y Uruguay, de manera que fue a partir de esta fecha que éste pudo hallarse en las zonas aledañas a las misiones guaraníticas. De hecho el comisionado describe distintos aspectos de Yapeyú, San Borja y otras poblaciones y comarcas en su diario, y señala la partida de la división a su cargo el 25 de diciembre de 1783 .

Coincidente con lo señalado es el nombramiento como "Primer Comisario de la Segunda División de la Demarcación de Límites entre los Dominios de España y Portugal, por el señor Virrey de Buenos Aires" firmado en esta ciudad a cuatro de marzo de 1784. Este documento se encuentra contenido en Sabina de Alvear y Ward, Historia de don Diego de Alvear y Ponce de Leon, apéndice nº2, Madrid, 1891.

Chumbita señala la partida de la comisión demarcadora a partir del 30 de mayo de 1778, fecha en que fuera nombrado Diego de Alvear -que la autora reseña en la foja de servicios del marino- cuando en realidad, como señalé, el mismo diario demuestra según lo referido de su puño y letra que la partida de Buenos Aires lo fue en diciembre de 1783. ¿A qué obedece esta diferencia entre el nombramiento y la partida de la expedición?

El desliz es aclarado más adelante por la propia Sabina de Alvear y Ward, aunque no fue advertido por Chumbita: "...para mandar una de estas cinco divisiones fue nombrado por España Diego de Alvear a propuesta del Cuerpo General de la Armada con el título de Comisario de la demarcación de límites en 30 de marzo de 1778; ...No hubo de surtir efecto este primer nombramiento por oposición que a los marinos hizo el Virrey de Buenos Aires, Sr. Vértiz, que propuso otras personas de su devoción, por lo que aquellos fueron relevados por el Ministro de Indias, Sr. Gálvez, pero no accediendo el Rey en su ilustrada imparcialidad a este arreglo, ...fueron presentados y nombrados definitivamente en 1783 los capitanes de navío y de fragata José Varela y d. Félix Azara ... y el mismo Alvear, reelegido a propuesta de los sres. Mazarredo, Tofiño y Varela, que tan conocida tenían su superior inteligencia para aquellas ciencias" .

El reconocido historiador Ricardo Piccirilli en sus datos biográficos consigna que "En este mismo año –1777- las cortes de Madrid y Lisboa celebraron un acuerdo para zanjar las dificultades en las cuestiones de límites en la América del Sud, firmado en San Ildefonso y mientras se aprestaba la importante expedición que tendría a su cargo las tareas necesarias, el teniente de navío Alvear fue comisionado para permanecer a la altura de Río de Janeiro, con su buque de vigilancia por las noticias que se tenían de que una escuadra inglesa se aprestaba para pasar al Río de la Plata. Arregladas las expediciones, la que Diego de Alvear (sic) que había sido designado comisario de la Partida Demarcadora, salió de Buenos Aires el 25 de diciembre de 1783..." . En el mismo sentido, lo hace Pedro de Angelis en Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, 1836, tomo IV, pág. 42 Noticias Biográficas.

Al sostener en su trabajo que habría sido en esta oportunidad en que tuvo lugar el contacto con la indígena guaraní, la documentación a que hago referencia demuestra que este contacto no pudo ser sino a partir de 1784, fecha en la que en efecto salió en comisión, sin contar siquiera el tiempo que demoró hasta llegar a las misiones en un itinerario con otras escalas previas a las mismas, hace imposible que de existir relación alguna, fruto de la misma naciera José Francisco de San Martín, ya que no solamente no se lo pudo entregar "al teniente gobernador de la reducción de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el capitán Juan de San Martín" –como cita el investigador- que había sido relevado de su puesto en 1781 por desavenencias con los indígenas sino, y fundamentalmente, porque para fines de 1783 la familia San Martín, con sus cinco hijos, según el escribiente naval, estaba embarcada en la fragata Santa Balbina rumbo a España para llegar a Cádiz en marzo de 1784, según el número de ese mes del "Mercurio de España" .

Antes de la incursión de Diego de Alvear a los asentamientos aborígenes misioneros en el marco de la expedición demarcadora de límites, se encontró en destinos bastante alejados de las misiones guaraníticas. Pedro de Angelis en sus noticias históricas lo entiende arribado a estas costas en 1776 con la expedición de Ceballos al igual que Piccirilli. Ambos lo hacen en la expedición de Ceballos de 1776, en la toma de Colonia de Sacramento y en la de la isla de Santa Catalina (Florianópolis) luego, como señalara, el virrey Vértiz lo destinó con su buque de vigilancia a Río de Janeiro ante una temida invasión británica en el Río de la Plata. Respecto a esto dice Sabina de Alvear y Ward "...saliendo de Montevideo el 15 de enero de este año de 1777; e incorporado a la escuadra y tomada la dicha isla de Santa Catalina, regresó al mismo puerto en 16 de abril del mismo año de 1777. Salió después para Río de Janeiro y recorrió las costas del Brasil mandando varios buques menores, ...en la guerra e los cuatro años contra los ingleses..." (esta clara apreciación confirma que no pudo comenzar su expedición en 1778 como sostiene Chumbita sino hasta diciembre de 1783), objetivos militares, los señalados, ubicados sobre las costas Oriental y del Brasil.

Pero independientemente de la cuestión filiatoria existe otro hecho que se basta a sí mismo: es el nacimiento de José de San Martín. Sea quien fuere el padre del Libertador, el mismo nació en febrero de 1778, hecho por demás probado y que no se vio conmovido por ninguna documentación aportada por el investigador. Este es un elemento muy significativo. En efecto, el autor debe necesariamente trasladar las dudas propias del cuestionamiento filiatorio a la cuestión de la fecha de nacimiento para completar su argumentación y así cumplir con el principio de que toda investigación debe bastarse a sí misma.

Y es aquí donde se hacen más extremas sus dificultades para sostener su hipótesis.

En efecto cuestiona la fecha que se atribuye al nacimiento de José de San Martín y sostiene que Mitre en su biografía sobre el prócer "dictaminó" que había nacido el 25 de febrero de 1778 y lo hace, advirtiendo quizás que el dato que -incorrectamente como expresé- recoge de Sabina de Alvear y Ward relativo a la partida de Diego de Alvear en 1778 también, le acota las posibilidades cronológicas de que sea el marino el padre de San Martín -ya que habiendo nacido éste en febrero de 1778, debió el pretendido progenitor estar como mínimo en junio o julio del año de 1777, época que cae fuera del referido marco circunstancial y temporal de la comisión demarcadora que hace a don Diego en las zonas aledañas a las misiones. Por esto, al sostener que habría sido nombrado al frente de la expedición el mismo año del nacimiento debe necesariamente desconocer la fecha del mismo para que no se derrumbe su pretensión filiatoria, cuando tal vez inconscientemente, en el primer párrafo de su trabajo se pregunta porque "Convertido en soldado del Rey, fogueado en duras campañas en Africa y Europa, a los 34 años (San Martín) abandonó en España su carrera...", admitiendo tácitamente que su nacimiento en 1778 ya que José de San Martín arribó al Río de la Plata en marzo de 1812.

La argumentación de Chumbita no logra conmover el hecho por demás probado que señala a Juan de San Martín y a Gregoria Matorras como padres de San Martín, afirmación que se apoya en una gran cantidad de documentos auténticos y protocolizados, y afirmaciones propias de los progenitores como, entre otros, la manifestación de última voluntad de Gregoria dado en Madrid el 10 de julio de 1803, donde declara que de su matrimonio "me quedaron cinco hijos legítimos: Manuel Tadeo, Juan Fermín, Justo Rufino, José Francisco y María Elena de San Martín".

Por otro lado, la inexistencia de un registro parroquial que da fe de la llegada al mundo de José Francisco, que puede explicarse por la destrucción de Yapeyú en manos de tropas portuguesas a cargo del comandante Chagas en febrero de 1817, no agota por cierto la posibilidad de demostrar fehacientemente el nacimiento del niño en el mes de febrero de 1778. Así lo prueban el certificado de defunción del general San Martín expedido el día 18 de agosto de 1850 en Boulogne Sur Mer – Paso de Calais firmado por el delegado adjunto del alcalde Leroy Mabille, que dice"....nacido en Yapeyú, provincia de Misiones (Confederación Argentina) de setenta y dos años, cinco meses y veinte y tres días..."; el certificado de haberse dado sepultura al General José de San Martín en la Iglesia de Nuestra Señora de Boulogne Sur Mer – Diócesis de Arrás en 20 de agosto de 1850 firmado por El conde, cura párroco deán, donde consta: " ....nacido en Yapeyú, Provincia de Misiones (Confederación Argentina) el veinticinco de febrero de 1778, hijo del coronel don Juan de San Martín, gobernador de dicha provincia de Misiones y de María Gregoria Francisca de Matorras..."

En el mismo sentido, las biografías que sobre San Martín escribieran John Miller (1829) y Gual y Jaén -García del Río-(1823) lo hacen nacido en Yapeyú en 1778, mucho antes que Mitre . Aparece entonces suficientemente demostrado a través de la documentación citada que el general San Martín nació en Yapeyú en febrero 1778 (documentos que no han sido refutados por el autor de la hipótesis) y que don Diego de Alvear y Ponce de León no estuvo ni pudo estar en la zona que se atribuye como marco de la relación para esa fecha y que si lo hizo, fue sólo a partir de 1784 en cumplimiento de su misión científica. Antes de ese momento -que es precisamente el señalado por Chumbita como el de la relación entre el marino y la indígena- y como señalara, se encontraba en destinos bien alejados de las misiones.

Finalmente, con relación a los aspectos físicos y distintos episodios de la vida de San Martín a que hace referencia en su trabajo, no son necesaria e inequívocamente determinantes de su condición de mestizo, aspectos pues cuestionables. Los unos por ser producto de apreciaciones personales de los mismos autores (Alberdi) que sólo hace referencia al color de la piel -aspecto por demás entendible de quien pasó extensas jornadas a la intemperie en Europa y Africa, e incluso en los primeros años de su vida en Yapeyú- o surgir de obras eminentemente más cercanas a lo literario que a lo histórico, cargada por ello de metáforas (Rojas), y los otros por ser equívocos en su interpretación en uno u otro sentido. Así el parlamento con los indígenas en Mendoza debe analizarse en el marco de un ardid para engañar a los nativos para que delaten los planes de invasión a Chile a los españoles y la referencia a la "mano negra" no se refiere sino a la mano que usa el traidor, como lo entendía Marco a San Martín y como reconocen historiadores de la talla del chileno Vicuña Mackena.

Conclusión

Finalmente debo señalar que el aspecto más cuestionable del trabajo de Chumbita es la insuficiencia de documentos que, a partir de su seriedad, brinden apoyatura a su hipótesis y la pretensión de dar a los relatos transmitidos en la familia Alvear -expresión recurrente en su trabajo- la entidad de una fuente que reemplace al universo documental que se le opone. La fuente oral, tiene su importancia, no como una fuente autónoma sino como fuente subordinada o complementaria a otras más eficaces, pero esta eficacia en aquellos casos depende, para su seriedad y relevancia, de la transcripción escrita, que en el caso en estudio no existe. Fueron en definitiva por estas conclusiones que su trabajo fue rechazado por unanimidad en el seno del Segundo Encuentro Internacional Sanmartiniano realizado en Buenos Aires.

Vemos pues que el único documento citado -la mentada memoria de Joaquina- no ha sido expuesto siquiera a una seria crítica material e ideológica de su autenticidad. Se menciona de la misma sólo un breve extracto de manera que aparece descontextualizado de un todo y aún sustraído de un contexto histórico minado por una marcada rivalidad entre las dos figuras -Carlos María de Alvear y José de San Martín- por lo que admite la posibilidad de que lo señalado por Joaquina sea, o un rumor ofensivo recogido de su padre hacia la figura de San Martín al calificarlo, en definitiva, como bastardo o hijo ilegítimo (ignorando por cierto aquello de que ilegítimos son los padres, en todo caso, y no los hijos) o una afirmación para ser partícipe de la inocultable gloria que don José de San Martín diera con su actuación a toda América.

No es el presente un debate irrelevante. Aun cuando, ciertamente, no cambia ni empaña en absoluto el devenir histórico de su vida y su obra, aun cuando en nada modificaría el concepto que la figura de José de San Martín importa para una inmensa mayoría de argentinos, el valor ínsito que está en juego en el presente debate es aquel que todo historiador debe siempre alcanzar y abrazar: la verdad histórica.

Diego Ignacio Sarcona

 

 

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