La conmemoración del
sesquicentenario de la muerte de José de San Martín despertó en
muchos de los argentinos la curiosidad por el conocimiento de quien es
en gran medida el responsable de su libertad. Sin embargo, a partir de
la necesidad de humanizar al héroe y desacralizar la historia, aquellos
que cuestionaban la existencia de un San Martín entallado en el bronce,
aparecen ahora como los dueños de una realidad oculta y nos invitan a
reconocer y aceptar la verdad histórica, pretendiendo ser depositarios
de la misma en reemplazo de aquellos a quienes otrora criticaban.
Particularmente, uno de
estos trabajos reivindica –según entiende su autor- el origen mestizo
del general San Martín. Analiza algunas impresiones de contemporáneos
y autores referentes a aspectos físicos del Libertador tales como el
color de su piel y episodios de su vida. Atribuye finalmente a don Diego
de Alvear y Ponce de León y a una indígena correntina de origen
guaraní el carácter de verdaderos progenitores del prócer y nos
invita a abandonar los prejuicios y reconocer el pasado.
Su hipótesis de
trabajo descansa sobre un breve extracto de una presunta memoria de
Joaquina de Alvear y Saenz de Quintanilla del año 1877 en la cual
afirma que fue "hijo natural de mi abuelo, el señor don Diego
de Alvear y Ponce de León, habido de una indígena correntina, el
general José de San Martín". A partir de la misma, el autor
apoyado en relatos que se transmitieron en el seno de la familia Alvear
-elementos éstos no documentados- argumenta las circunstancias en las
que habría tenido lugar el contacto entre el marino español y la
indígena correntina. Sostiene "En
1778 fue comisionado al frente de una división para ejecutar el tratado
de límites sobre los ríos Paraná y Uruguay e inició el
reconocimiento y demarcación de aquellos dilatados territorios, yendo y
viniendo por entre las selvas, las asechanzas de las fieras y los
asentamientos aborígenes, en una labor que se prolongaría durante más
de dos décadas.
En ese momento de sus
andanzas, según el relato que se transmitió en la familia Alvear, en
algún lugar de las antiguas misiones jesuíticas, el inquieto marino,
siendo aún soltero mantuvo relaciones con una indígena guaraní que
engendró un niño. Diego de Alvear encomendó el cuidado del niño al
teniente gobernador de la reducción de Nuestra Señora de los Reyes de
Yapeyú, el capitán Juan de San Martín, y a su señora Gregoria
Matorras, una matrona de 40 años que ya tenía cuatro hijos; como era
habitual en casos semejantes, ellos se avinieron a criarlo como propio.
El niño fue José Francisco de San Martín" .
Surge claramente de su
investigación, que las relaciones que mantuvo Diego de Alvear con la
indígena guaraní habrían tenido lugar en oportunidad de desarrollar
éste su labor como oficial científico a cargo de la segunda comisión
demarcadora de límites, esto es -según menciona en su trabajo- a
partir de 1778 fecha en que habría sido designado para tal encargo.
No es caprichoso que el
investigador haya señalado esta circunstancia histórica como marco en
el que habría tenido lugar la relación fruto de la cual naciera
-según entiende- José de San Martín. Es acaso, la misma, el único
momento que documentadamente, nos da certeza del paso del marino por las
misiones. En efecto, la comisión mixta demarcadora de límites fue
creada como consecuencia de lo establecido en el artículo XV del
Tratado suscripto por España y Portugal en San Ildefonso el 1º de
octubre de 1777. La misma tenía a su cargo el establecimiento de la
línea divisoria entre los dominios de ambas coronas en América,
entendimiento propiciado por los Pactos de Familia que unían a ambos
monarcas. Luego de una trabajosa y encomiable labor que se extendió
hasta 1804, don Diego de Alvear entregó un detallado informe de sus
observaciones. El mismo se divide en tres partes: la primera contiene el
Diario de viaje de la expedición, con todo lo relativo a éste y a los
trabajos de la partida a sus órdenes. Como suplemento del mismo se
halla la Relación Geográfica e Histórica de la provincia de Misiones
con una colección de planos de las comarcas, fuertes, pueblos y puntos
principales que se transitaron y describen con una tabla de latitudes y
longitudes; la segunda, una completa colección de todas las
observaciones astronómicas y aún meteorológicas y la tercera, la
historia natural de la región.
Existen, varias copias
manuscritas de su informe. Una copia perteneció al general Agustín P.
Justo, otra existe en la Biblioteca Nacional, otra en el British Museum
en Lóndres, otra en el Archivo de la Academia Nacional de Historia de
España, otra en el Archivo de la familia Alvear en Montilla, España,
etc.
De las portadas de
dicho diario en tres de sus versiones escritas de puño y letra del
propio Diego de Alvear (la copia del British Museum, la que perteneciera
a Agustín P. Justo y la existente en la Biblioteca Nacional) se
advierte que fue sólo a partir de diciembre de 1783 que Diego de Alvear
partía desde Buenos Aires para efectuar su comisión de demarcación de
los ríos Paraná y Uruguay, de manera que fue a partir de esta fecha
que éste pudo hallarse en las zonas aledañas a las misiones
guaraníticas. De hecho el comisionado describe distintos aspectos de
Yapeyú, San Borja y otras poblaciones y comarcas en su diario, y
señala la partida de la división a su cargo el 25 de diciembre de 1783
.
Coincidente con lo
señalado es el nombramiento como "Primer Comisario de la Segunda
División de la Demarcación de Límites entre los Dominios de España y
Portugal, por el señor Virrey de Buenos Aires" firmado en esta
ciudad a cuatro de marzo de 1784. Este documento se encuentra contenido
en Sabina de Alvear y Ward, Historia de don Diego de Alvear y Ponce
de Leon, apéndice nº2, Madrid, 1891.
Chumbita señala la
partida de la comisión demarcadora a partir del 30 de mayo de 1778,
fecha en que fuera nombrado Diego de Alvear -que la autora reseña en la
foja de servicios del marino- cuando en realidad, como señalé, el
mismo diario demuestra según lo referido de su puño y letra que la
partida de Buenos Aires lo fue en diciembre de 1783. ¿A qué obedece
esta diferencia entre el nombramiento y la partida de la expedición?
El desliz es aclarado
más adelante por la propia Sabina de Alvear y Ward, aunque no fue
advertido por Chumbita: "...para mandar una de estas cinco
divisiones fue nombrado por España Diego de Alvear a propuesta del
Cuerpo General de la Armada con el título de Comisario de la
demarcación de límites en 30 de marzo de 1778; ...No hubo de surtir
efecto este primer nombramiento por oposición que a los marinos hizo el
Virrey de Buenos Aires, Sr. Vértiz, que propuso otras personas de su
devoción, por lo que aquellos fueron relevados por el Ministro de
Indias, Sr. Gálvez, pero no accediendo el Rey en su ilustrada
imparcialidad a este arreglo, ...fueron presentados y nombrados
definitivamente en 1783 los capitanes de navío y de fragata José
Varela y d. Félix Azara ... y el mismo Alvear, reelegido a propuesta de
los sres. Mazarredo, Tofiño y Varela, que tan conocida tenían su
superior inteligencia para aquellas ciencias" .
El reconocido
historiador Ricardo Piccirilli en sus datos biográficos consigna que
"En este mismo año –1777- las cortes de Madrid y Lisboa
celebraron un acuerdo para zanjar las dificultades en las cuestiones de
límites en la América del Sud, firmado en San Ildefonso y mientras se
aprestaba la importante expedición que tendría a su cargo las tareas
necesarias, el teniente de navío Alvear fue comisionado para permanecer
a la altura de Río de Janeiro, con su buque de vigilancia por las
noticias que se tenían de que una escuadra inglesa se aprestaba para
pasar al Río de la Plata. Arregladas las expediciones, la que Diego de
Alvear (sic) que había sido designado comisario de la Partida
Demarcadora, salió de Buenos Aires el 25 de diciembre de 1783..."
. En el mismo sentido, lo hace Pedro de Angelis en Colección de
Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las
Provincias del Río de la Plata, Buenos Aires, 1836, tomo IV, pág.
42 Noticias Biográficas.
Al sostener en su
trabajo que habría sido en esta oportunidad en que tuvo lugar el
contacto con la indígena guaraní, la documentación a que hago
referencia demuestra que este contacto no pudo ser sino a partir de
1784, fecha en la que en efecto salió en comisión, sin contar siquiera
el tiempo que demoró hasta llegar a las misiones en un itinerario con
otras escalas previas a las mismas, hace imposible que de existir
relación alguna, fruto de la misma naciera José Francisco de San
Martín, ya que no solamente no se lo pudo entregar "al teniente
gobernador de la reducción de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú,
el capitán Juan de San Martín" –como cita el investigador- que
había sido relevado de su puesto en 1781 por desavenencias con los
indígenas sino, y fundamentalmente, porque para fines de 1783 la
familia San Martín, con sus cinco hijos, según el escribiente naval,
estaba embarcada en la fragata Santa Balbina rumbo a España para llegar
a Cádiz en marzo de 1784, según el número de ese mes del
"Mercurio de España" .
Antes de la incursión
de Diego de Alvear a los asentamientos aborígenes misioneros en el
marco de la expedición demarcadora de límites, se encontró en
destinos bastante alejados de las misiones guaraníticas. Pedro de
Angelis en sus noticias históricas lo entiende arribado a estas costas
en 1776 con la expedición de Ceballos al igual que Piccirilli. Ambos lo
hacen en la expedición de Ceballos de 1776, en la toma de Colonia de
Sacramento y en la de la isla de Santa Catalina (Florianópolis) luego,
como señalara, el virrey Vértiz lo destinó con su buque de vigilancia
a Río de Janeiro ante una temida invasión británica en el Río de la
Plata. Respecto a esto dice Sabina de Alvear y Ward "...saliendo de
Montevideo el 15 de enero de este año de 1777; e incorporado a la
escuadra y tomada la dicha isla de Santa Catalina, regresó al mismo
puerto en 16 de abril del mismo año de 1777. Salió después para Río
de Janeiro y recorrió las costas del Brasil mandando varios buques
menores, ...en la guerra e los cuatro años contra los ingleses..."
(esta clara apreciación confirma que no pudo comenzar su expedición en
1778 como sostiene Chumbita sino hasta diciembre de 1783), objetivos
militares, los señalados, ubicados sobre las costas Oriental y del
Brasil.
Pero independientemente
de la cuestión filiatoria existe otro hecho que se basta a sí mismo:
es el nacimiento de José de San Martín. Sea quien fuere el padre del
Libertador, el mismo nació en febrero de 1778, hecho por demás probado
y que no se vio conmovido por ninguna documentación aportada por el
investigador. Este es un elemento muy significativo. En efecto, el autor
debe necesariamente trasladar las dudas propias del cuestionamiento
filiatorio a la cuestión de la fecha de nacimiento para completar su
argumentación y así cumplir con el principio de que toda
investigación debe bastarse a sí misma.
Y es aquí donde se
hacen más extremas sus dificultades para sostener su hipótesis.
En efecto cuestiona la
fecha que se atribuye al nacimiento de José de San Martín y sostiene
que Mitre en su biografía sobre el prócer "dictaminó" que
había nacido el 25 de febrero de 1778 y lo hace, advirtiendo quizás
que el dato que -incorrectamente como expresé- recoge de Sabina de
Alvear y Ward relativo a la partida de Diego de Alvear en 1778 también,
le acota las posibilidades cronológicas de que sea el marino el padre
de San Martín -ya que habiendo nacido éste en febrero de 1778, debió
el pretendido progenitor estar como mínimo en junio o julio del año de
1777, época que cae fuera del referido marco circunstancial y temporal
de la comisión demarcadora que hace a don Diego en las zonas aledañas
a las misiones. Por esto, al sostener que habría sido nombrado al
frente de la expedición el mismo año del nacimiento debe
necesariamente desconocer la fecha del mismo para que no se derrumbe su
pretensión filiatoria, cuando tal vez inconscientemente, en el primer
párrafo de su trabajo se pregunta porque "Convertido en soldado
del Rey, fogueado en duras campañas en Africa y Europa, a los 34 años
(San Martín) abandonó en España su carrera...", admitiendo
tácitamente que su nacimiento en 1778 ya que José de San Martín
arribó al Río de la Plata en marzo de 1812.
La argumentación de
Chumbita no logra conmover el hecho por demás probado que señala a
Juan de San Martín y a Gregoria Matorras como padres de San Martín,
afirmación que se apoya en una gran cantidad de documentos auténticos
y protocolizados, y afirmaciones propias de los progenitores como, entre
otros, la manifestación de última voluntad de Gregoria dado en Madrid
el 10 de julio de 1803, donde declara que de su matrimonio "me
quedaron cinco hijos legítimos: Manuel Tadeo, Juan Fermín, Justo
Rufino, José Francisco y María Elena de San Martín".
Por otro lado, la
inexistencia de un registro parroquial que da fe de la llegada al mundo
de José Francisco, que puede explicarse por la destrucción de Yapeyú
en manos de tropas portuguesas a cargo del comandante Chagas en febrero
de 1817, no agota por cierto la posibilidad de demostrar fehacientemente
el nacimiento del niño en el mes de febrero de 1778. Así lo prueban el
certificado de defunción del general San Martín expedido el día 18 de
agosto de 1850 en Boulogne Sur Mer – Paso de Calais firmado por el
delegado adjunto del alcalde Leroy Mabille, que dice"....nacido en
Yapeyú, provincia de Misiones (Confederación Argentina) de setenta y
dos años, cinco meses y veinte y tres días..."; el certificado de
haberse dado sepultura al General José de San Martín en la Iglesia de
Nuestra Señora de Boulogne Sur Mer – Diócesis de Arrás en 20 de
agosto de 1850 firmado por El conde, cura párroco deán, donde consta:
" ....nacido en Yapeyú, Provincia de Misiones (Confederación
Argentina) el veinticinco de febrero de 1778, hijo del coronel don Juan
de San Martín, gobernador de dicha provincia de Misiones y de María
Gregoria Francisca de Matorras..."
En el mismo sentido,
las biografías que sobre San Martín escribieran John Miller (1829) y
Gual y Jaén -García del Río-(1823) lo hacen nacido en Yapeyú en
1778, mucho antes que Mitre . Aparece entonces suficientemente
demostrado a través de la documentación citada que el general San
Martín nació en Yapeyú en febrero 1778 (documentos que no han sido
refutados por el autor de la hipótesis) y que don Diego de Alvear y
Ponce de León no estuvo ni pudo estar en la zona que se atribuye como
marco de la relación para esa fecha y que si lo hizo, fue sólo a
partir de 1784 en cumplimiento de su misión científica. Antes de ese
momento -que es precisamente el señalado por Chumbita como el de la
relación entre el marino y la indígena- y como señalara, se
encontraba en destinos bien alejados de las misiones.
Finalmente, con
relación a los aspectos físicos y distintos episodios de la vida de
San Martín a que hace referencia en su trabajo, no son necesaria e
inequívocamente determinantes de su condición de mestizo, aspectos
pues cuestionables. Los unos por ser producto de apreciaciones
personales de los mismos autores (Alberdi) que sólo hace referencia al
color de la piel -aspecto por demás entendible de quien pasó extensas
jornadas a la intemperie en Europa y Africa, e incluso en los primeros
años de su vida en Yapeyú- o surgir de obras eminentemente más
cercanas a lo literario que a lo histórico, cargada por ello de
metáforas (Rojas), y los otros por ser equívocos en su interpretación
en uno u otro sentido. Así el parlamento con los indígenas en Mendoza
debe analizarse en el marco de un ardid para engañar a los nativos para
que delaten los planes de invasión a Chile a los españoles y la
referencia a la "mano negra" no se refiere sino a la mano que
usa el traidor, como lo entendía Marco a San Martín y como reconocen
historiadores de la talla del chileno Vicuña Mackena.
Conclusión
Finalmente debo
señalar que el aspecto más cuestionable del trabajo de Chumbita es la
insuficiencia de documentos que, a partir de su seriedad, brinden
apoyatura a su hipótesis y la pretensión de dar a los relatos
transmitidos en la familia Alvear -expresión recurrente en su trabajo-
la entidad de una fuente que reemplace al universo documental que se le
opone. La fuente oral, tiene su importancia, no como una fuente
autónoma sino como fuente subordinada o complementaria a otras más
eficaces, pero esta eficacia en aquellos casos depende, para su seriedad
y relevancia, de la transcripción escrita, que en el caso en estudio no
existe. Fueron en definitiva por estas conclusiones que su trabajo fue
rechazado por unanimidad en el seno del Segundo Encuentro Internacional
Sanmartiniano realizado en Buenos Aires.
Vemos pues que el
único documento citado -la mentada memoria de Joaquina- no ha sido
expuesto siquiera a una seria crítica material e ideológica de su
autenticidad. Se menciona de la misma sólo un breve extracto de manera
que aparece descontextualizado de un todo y aún sustraído de un
contexto histórico minado por una marcada rivalidad entre las dos
figuras -Carlos María de Alvear y José de San Martín- por lo que
admite la posibilidad de que lo señalado por Joaquina sea, o un rumor
ofensivo recogido de su padre hacia la figura de San Martín al
calificarlo, en definitiva, como bastardo o hijo ilegítimo (ignorando
por cierto aquello de que ilegítimos son los padres, en todo caso, y no
los hijos) o una afirmación para ser partícipe de la inocultable
gloria que don José de San Martín diera con su actuación a toda
América.
No es el presente un
debate irrelevante. Aun cuando, ciertamente, no cambia ni empaña en
absoluto el devenir histórico de su vida y su obra, aun cuando en nada
modificaría el concepto que la figura de José de San Martín importa
para una inmensa mayoría de argentinos, el valor ínsito que está en
juego en el presente debate es aquel que todo historiador debe siempre
alcanzar y abrazar: la verdad histórica.
Diego Ignacio Sarcona