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"DESMEMORIA” Y
LA ACADEMIA PORTEÑA DEL LUNFARDO

           
   

 

La Academia Porteña del Lunfardo y la Dirección de la revista “Desmemoria”, han formalizado un acuerdo merced  al cual se darán a publicidad en las páginas de esta revista, las comunicaciones de carácter académico que haya producido la institución dedicada al estudio e investigación del lenguaje, las letras y las artes populares de Buenos Aires.

Durante treinta y siete años la entidad académica ha dado a conocer en el ámbito de su actuación más de mil seiscientas comunicaciones, lo que constituye un material de excepcional riqueza idiomática, literaria e histórica.

Mediante este acuerdo, la revista “Desmemoria”, tanto en su edición papel como en la virtual, publicará estas comunicaciones seleccionadas por nuestro colaborador, el escritor y poeta Luis Ricardo Furlan.

Las comunicaciones reconocen la autoría de excepcionales figuras de nuestra literatura, entre los que se destacan: César Tiempo, Nicolás Olivari, Amaro Villanueva, José Gobello, Luis Soler Cañás, León Benarós, Álvaro Yunque y Joaquín Gómez Bas. 

El material de extraordinario valor se publicará en sucesivas entregas, la dirección de “Desmemoria” considera que de esta manera ofrece a sus lectores un nuevo matiz para el conocimiento de nuestra idiosincrasia.

  


  


COMUNICACIÓN ACADÉMICA N° 116
Del señor académico de número  
don José Barcia

  


PIO BAROJA: "ACERCA DEL TANGO ESPAÑOL"

A través del testimonio directo de Pío Baroja, consignado en el volumen tercero de sus memorias, a las que tituló "Desde la última vuelta del camino", publicadas por la "Biblioteca Nueva", Madrid, puede advertirse el auge que tuvo, a fines del siglo anterior y a principios del actual, el tango español y su carácter eminentemente popular. Escribe el autor de "La Feria de los discretos", para subrayar el tono de la vida hispana, sobre todo la madrileña, en la época mencionada:

La canción callejera española de estos últimos cuarenta o cincuenta años no ha merecido que algún folklorista la estudie. Al hablar de la canción callejera me refiero a la canción anónima, sin autor conocido; a veces graciosa y pintoresca y otras encanallada y soez.

Yo intenté reunir hace tiempo las letras de los tangos y coplas populares; pero no las encontré. No se guardaron. Fueron flor de un día. Quedaban romances de ciego; relaciones de crímenes; la Salve que cantan los presos al reo que está en capilla; pero letras de tango, ninguna o casi ninguna.

La canción popular, callejera, suburbana, sin autor conocido, ha tenido varios ritmos; pero el más destacado ha sido el tango. Ese tango, de origen incierto, luego ha emigrado a la Argentina, y ha venido de allá, de retorno, americanizado, italianizado, decadente, dulzón y de un sentimentalismo ñoño y venenoso.

Las canciones populares, por su asunto, se podían dividir en políticas, militares, criminales, toreras, etcétera.

Por su ritmo, tiene poca variedad en sus formas musicales; hay alguna polca más o menos exótica, las demás son habaneras y tangos. Por la época en que aparecieron, se podían clasificar: en canciones de antes de la guerra colonial y canciones de después de la guerra.

Como he dicho antes, en la época en que yo era chico, en Pamplona, entre el aluvión de canciones extranjeras de La Mascota, Boccaccio, Madama Angot, de un sinfín de operetas traducidas y de otras zarzauelas españolas, como La Tempestad, aparecieron los tangos gaditanos.

Yo oí cantar alguno de ellos a un sargento, acompañándose con la guitarra, en un cafetucho donde se jugaba al billar y a la bola.

Con aquellas canciones se inició el flamenquismo en los pueblos del norte de España.

Luego vinieron otras y otras coplas, todas o casi todas de aire andaluz; algunas bajas, groseras; otras finas y delicadas; en general picarescas y también políticas.

Cuando volví a Madrid, en 1886, e iba al Instituto de San Isidro, al pasar por Puerta Cerrada, solía oír a un ciego, el Legaña, que entonaba en la vihuela esta canción:

Le dijo el pollo Vicente
a su novia Manolita:
Te traigo pa sorprenderte,
Una cosa muy bonita

Había tangos políticos que cantaban los ciegos por las calles de los barrios bajos y en la plaza del Progreso. La musa demótica se cultivaba, aunque no creo que produjera gran interés en el público.

Se oían también tangos de torería. Uno de los más conocidos comenzaba así:

Yo tengo un álbum formado
con lo del arte taurino,
y en él tengo retratados
a los toreros más finos.

Y años más tarde se cantaba:

Cuando dicen los papeles
que el Reverte va a matar.

Parecidos por el ritmo eran los tangos sobre Higinia Balaguer, la del crimen de la calle Fuencarral.

El uno, mediocre, descriptivo y lacrimoso, decía:

La calle del Fuencarral
no la echamos en olvido,
y recordaremos siempre
el asesinato ocurrido.

Estos cantares, uno de aire político y otros criminosos, no creo que llegaban a provincias; en cambio, los de asunto torero o picaresco corrían por toda España, y las fregonas se dedican a ellos con delectación. La música de estos tangos era casi siempre la misma, con ligeras variantes; en general, una habanera con ritmo agitanado y flamenco que las habaneras antiguas.

Este período, que duraría unos diez años, se caracterizó en la música popular no sólo por el incremento de la gitanería y del flamenquismo, sino también por la influencia negra que venía de Cuba. España tenía entonces una inclinación marcada por lo populachero.

Al final de este período de las guerras coloniales se fue agudizando en la música popular la nota flamenquista, agitanada y negra, y vinieron las guajiras, y se abusó de los cementerios y de los muertos.

Al avanzar el siglo, la canción popular, el tango, comenzó a decaer, a involucionar. De la calle saltó al escenario de varietés, de los labios del ciego a los de la cantante. Se elegantizó y mixtificó, perdió su carácter suburbano y tomó el carácter del cuplé.

Aún podrían transcribirse algunos párrafos más con que Baroja se detiene en el tema del tango, pero son suficientes los que acaba de leerse para advertir la importancia documental de estos recuerdos del insigne novelista vasco.

Buenos Aires, 21 de marzo de 1966.

José Barcia
Académico de Número

 

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