PIO BAROJA: "ACERCA DEL TANGO
ESPAÑOL"
A través del testimonio directo
de Pío Baroja, consignado en el volumen tercero de sus memorias, a
las que tituló "Desde la última vuelta del camino",
publicadas por la "Biblioteca Nueva", Madrid, puede
advertirse el auge que tuvo, a fines del siglo anterior y a principios
del actual, el tango español y su carácter eminentemente popular.
Escribe el autor de "La Feria de los discretos", para
subrayar el tono de la vida hispana, sobre todo la madrileña, en la
época mencionada:
La canción callejera española de
estos últimos cuarenta o cincuenta años no ha merecido que algún
folklorista la estudie. Al hablar de la canción callejera me refiero
a la canción anónima, sin autor conocido; a veces graciosa y
pintoresca y otras encanallada y soez.
Yo intenté reunir hace tiempo las
letras de los tangos y coplas populares; pero no las encontré. No se
guardaron. Fueron flor de un día. Quedaban romances de ciego;
relaciones de crímenes; la Salve que cantan los presos al reo que
está en capilla; pero letras de tango, ninguna o casi ninguna.
La canción popular, callejera,
suburbana, sin autor conocido, ha tenido varios ritmos; pero el más
destacado ha sido el tango. Ese tango, de origen incierto, luego ha
emigrado a la Argentina, y ha venido de allá, de retorno,
americanizado, italianizado, decadente, dulzón y de un
sentimentalismo ñoño y venenoso.
Las canciones populares, por su
asunto, se podían dividir en políticas, militares, criminales,
toreras, etcétera.
Por su ritmo, tiene poca variedad
en sus formas musicales; hay alguna polca más o menos exótica, las
demás son habaneras y tangos. Por la época en que aparecieron, se
podían clasificar: en canciones de antes de la guerra colonial y
canciones de después de la guerra.
Como he dicho antes, en la época
en que yo era chico, en Pamplona, entre el aluvión de canciones
extranjeras de La Mascota, Boccaccio, Madama Angot, de un sinfín de
operetas traducidas y de otras zarzauelas españolas, como La
Tempestad, aparecieron los tangos gaditanos.
Yo oí cantar alguno de ellos a un
sargento, acompañándose con la guitarra, en un cafetucho donde se
jugaba al billar y a la bola.
Con aquellas canciones se inició
el flamenquismo en los pueblos del norte de España.
Luego vinieron otras y otras
coplas, todas o casi todas de aire andaluz; algunas bajas, groseras;
otras finas y delicadas; en general picarescas y también políticas.
Cuando volví a Madrid, en 1886, e
iba al Instituto de San Isidro, al pasar por Puerta Cerrada, solía
oír a un ciego, el Legaña, que entonaba en la vihuela esta canción:
Le dijo el pollo Vicente
a su novia Manolita:
Te traigo pa sorprenderte,
Una cosa muy bonita
Había tangos políticos que
cantaban los ciegos por las calles de los barrios bajos y en la plaza
del Progreso. La musa demótica se cultivaba, aunque no creo que
produjera gran interés en el público.
Se oían también tangos de
torería. Uno de los más conocidos comenzaba así:
Yo tengo un álbum formado
con lo del arte taurino,
y en él tengo retratados
a los toreros más finos.
Y años más tarde se cantaba:
Cuando dicen los papeles
que el Reverte va a matar.
Parecidos por el ritmo eran los
tangos sobre Higinia Balaguer, la del crimen de la calle Fuencarral.
El uno, mediocre, descriptivo y
lacrimoso, decía:
La calle del Fuencarral
no la echamos en olvido,
y recordaremos siempre
el asesinato ocurrido.
Estos cantares, uno de aire
político y otros criminosos, no creo que llegaban a provincias; en
cambio, los de asunto torero o picaresco corrían por toda España, y
las fregonas se dedican a ellos con delectación. La música de estos
tangos era casi siempre la misma, con ligeras variantes; en general,
una habanera con ritmo agitanado y flamenco que las habaneras
antiguas.
Este período, que duraría unos
diez años, se caracterizó en la música popular no sólo por el
incremento de la gitanería y del flamenquismo, sino también por la
influencia negra que venía de Cuba. España tenía entonces una
inclinación marcada por lo populachero.
Al final de este período de las
guerras coloniales se fue agudizando en la música popular la nota
flamenquista, agitanada y negra, y vinieron las guajiras, y se abusó
de los cementerios y de los muertos.
Al avanzar el siglo, la canción
popular, el tango, comenzó a decaer, a involucionar. De la calle
saltó al escenario de varietés, de los labios del ciego a los de la
cantante. Se elegantizó y mixtificó, perdió su carácter suburbano
y tomó el carácter del cuplé.
Aún podrían transcribirse
algunos párrafos más con que Baroja se detiene en el tema del tango,
pero son suficientes los que acaba de leerse para advertir la
importancia documental de estos recuerdos del insigne novelista vasco.
Buenos Aires, 21 de marzo de 1966.
José Barcia
Académico de Número