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Blanca Luz Brum
Poesía, viajes y
Política

* María Pía López

 

 
Blanca Luz Blum

María Pía López : Socióloga y escritora, nacida en Trenque Lauquen (Provincia de Buenos Aires, en 1969.- Docente Universitaria, escribió "Mutantes" y "Trazos sobre los cuerpos" en 1997. Integra el grupo editor de la revista "El ojo mocho".

Hay vidas que tienen un extraño destino: vidas de personas que impactan fuertemente en su época, que tiñen muchos planos con su actividad y que generan obras que suponen importantes - que sus contemporáneos suponen importantes -, pero que, pasado ese momento, son olvidadas. En particular, eso ocurre con quienes realizaron una apuesta vital de gran Intensidad pero sus obras no estuvieron a la altura de esa apuesta, o fueron precisos y aventurados orfebres de sus biografías, del impacto de sus actos antes de ser artesanos de objetivaciones para la posteridad. Esos nombres quedan en los arcones de los memoriosos o saltan a la vista como corresponsales, compañeros. cómplices, de otros cuyos nombres sí tienen la resonancia de la historia. Esas vidas, intensas y olvidadas son, quizás, una de las grandes tentaciones para cualquier Investigador, pero son tentaciones inexcusables, no hay legitimidad a la cual acudir para justificar el costo o el esfuerzo de una Investigación cuyo resultado puede ser conocer de qué modo alguien construyó su vida o de qué modo diseñó su muerte.

Blanca Luz Brum fue una de esas personas que dedicaron sus mejores ahíncos a la producción de algunas situaciones, algunos recuerdos, una biografía. Es olvidada por varias razones, entre ellas, la disparidad de sus opciones políticas, porque desde su paso por las distintas variantes del socialismo pasarla al peronismo y, más tarde, se reconocería como activa simpatizante de Pinochet. También es olvidada porque no fue una gran poeta, fue más bien alguien que cedió a las tendencias poéticas de su época y creyó que la escritura era un arma fundamental para la revolución. Y. finalmente. porque no es fácil reconstruir sus datos biográficos más elementales: ella fue cambiando, texto a texto, presentación a presentación, su año de nacimiento. y silenció las formas de su infancia: cuando quiso narrarla se limitó a contar las historias que conocía de otros. Más allá de este olvido póstumo de Blanca Luz. es Interesante recordar la Importancia que tuvo durante los años en que vivió. y su capacidad. para detectar en cada campo, en cada situación, la relevancia de algunas personas.

La biografía de Brum comienza tensionada entre la fascinación por los aventureros, y la opresiva realidad del convento en el que transcurre su infancia y su adolescencia. Cual príncipe azul, un poeta llegará a rescatarla: Juan Parra del Riego. Que, tomándose en serio su romántico papel, Intentaba convencerla de la fuga en fogosas cartas. Blanca Luz, que quería ser poeta, sale de allí para casarse.

Su primer libro -Las llaves ardientes - dará cuenta de su amor, de su entusiasta asomo a la maternidad y de la deficiencia de su escritura. Parra del Riego murió -también como romántico cedió a la tuberculosis - en 1925. De ese encuentro a Blanca le quedó un hijo. la decisión de ir a conocer el país natal de su marido y un tono melancólico en su poesía. Perú será la primera estación del viaje de esa mujer con nombre de poesía y apellido aristocrático que, algunos dicen, eligió para sí una huérfana pobre nacida a principios de siglo.

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En Perú, Blanca Luz conoció al Impulsor de una empresa política e Intelectual tan novedosa como arriesgada: José Carlos Mariátegui. Mariátegui es el Intelectual marxista más original que ha dado el continente, cultor de un pensamiento alejado de toda ortodoxia, renuente al internacionalismo pero también a todo etapismo, el peruano cultivaba un socialismo nacional, ligado a la tradición incaica y a la revalorización de la cultura local a la par que el encuentro con las vanguardias del mundo. También fue quien asumió el riesgo de aunar la vanguardia política - el socialismo con la vanguardia estética - en ese momento, el surrealismo -. y fundó una revista en la que se plasmarían las distintas dimensiones de su proyecto. Esa revista fue Amauta, y se editó, en Lima, desde 1926. Fue, como su fundador quisiera, socialista, Indigenista, vanguardista. Y si se pensó como una revista histórica del Perú, no es exagerado afirmar que fue una revista histórica para todo el continente, del mismo modo que la obra de Mariátegui tiene una Importancia que trasciende las fronteras de su país de origen.

La recurrente presencia de Blanca Luz Brum en las páginas de Amauta, muestra el impacto de su paso por el Perú, porque es la poeta más publicada pero también la única que merece reiterados retratos y fotos mientras habita allí. Luego, a través de los eufóricos saludos que le prodiga Amauta se pueden seguir sus desplazamientos geográficos por América y constatar el recuerdo de sus recitados y su belleza. En trece números de la revista hay poemas firmados por Blanca Luz, primero con el apellido de su esposo muerto, y luego con Brum a secas. Hay una búsqueda, no siempre lograda, de convertir a la poesía en objetivación de las más altas vocaciones revolucionarias: Nicaragua, la United Press, Sacco y Vanzetti, Rusia, desfilan por los versos.

Me Interesa más detenerme en las opiniones que en Amauta aparecen sobre ella, porque una de sus preocupaciones Intensas parece haber sido el cómo ser vista y, en ese sentido, esas opiniones permiten pensar su personaje más de lo que permitiría la transcripción de sus poemas. Veamos alguna de ellas: Angela Ramos la llama 'la mujer más revolucionaria de América" y recuerda que

Lima, nuestra burguesa y beata ciudad, supo de sus arranques y rebeldías. Por eso, por considerarla una planta rara y venenosa, fue alejada de este medio sólo propicio para la mala yerba. Las fuertes emanaciones de esta planta contrastaban con el aroma del bendito sahumerio y su gallardía literaria era un reto para las viejas literatas de esta tierra sembradoras de virtud y de moral.

Y continúa algunos párrafos después:

Repito que Blanca Luz lleva en sí todas las fuerzas: las del talento, la belleza y la simpatía... Pequeña Blanca Luz, grande hasta en tus defectos: las que te conocemos y te comprendemos, las que creemos y esperamos en ti, te animamos desde aquí con todo el entusiasmo de que somos capaces te decimos estas dos palabras: estudia y lucha. Creemos en la siembra de tu mano y esperamos las flores rojas del futuro para los arcos del triunfo de los ejércitos de mañana.

No es la única vez en que Blanca aparece tratada no por su poesía, sino por su personalidad, por el impacto de sus apariciones, por eso, insisto, importa menos detenerse en sus libros que en su figura pública. Otro ejemplo: el modo en que se refiere a ella J.C Welker - también en Amauta -. Este poeta uruguayo primero recuerda su pasión juvenil por el socialismo, narra su propio aburguesamiento, y le atribuye a Blanca Luz la ruptura con esta situación:

Blanca Luz trajo a mi espíritu cansado la inquietud de la revolución y yo con una blasfemia, en mis labios, contra los burgueses, le estiro mis brazos revolucionarios a la buena hermana.

Mariátegui supo también reconocer su vitalidad y la subordinación de su obra a esa experiencia vital:

La poesía de Blanca no es producto de retorta. Es espontánea y transparente como el agua de manantial. Brota de la tierra. brota de su cuerpo, brota de sus sentidos alucinados. Hunde su raíz en la vida. Probablemente porque soy un exaltado, yo amo sobre todo su exaltación.

Esa exaltación queda plasmada en las intensas cartas que Blanca Luz le fue escribiendo al autor de 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana desde los distintos países y ciudades en los que estuvo radicada. La correspondencia fue interrumpida por la temprana muerte de Mariátegui, en 1930, cuando estaban a punto todos los preparativos para radicarse en Buenos Aires. Él, acuciado por problemas económicos, persecuciones políticas -del gobierno de Leguía -, un fuerte aislamiento -había roto con Haya de la Torre pero también con la Internacional Comunista -, y enfermedades que se sucedían, había planeado instalarse con su familia en Buenos Aires. y quien llevaba a cabo el proyecto era el editor y escritor Samuel Glusberg. La muerte lo impidió.

Volvamos a Blanca Luz. Que editó en Perú una revista pequeña y de ambiciones heroicas. La llamó Guerrilla y la propuso como el "grito de la vanguardia peruana". Guerrilla no cultivó el cuidado ensayismo político de Amauta, sino que transitó la zona de la poética rupturista y volcada a lo social. Aunque, a medida que se suceden los meses y los poemas, se evidencia que el intentado grito vanguardista es más eficaz en el terreno político que en el estético. Saludos al impetuoso Neruda que es diplomático en Indochina y comentarios irónicos sobre la decadentista tristeza de Vallejo, pueblan las páginas de una revista que se esfuerza en expresar tanto el dolor por las víctimas como la euforia por un porvenir promisorio. Pero también se entrecruzan en Guerrilla las posiciones y declaraciones sobre los avatares de la lucha por la liberación continental con los elogios poéticos a su directora.

Las visitas a Mariátegui -editor de su libro Levante. Arte social y de combate - fueron suspendidas por su destierro del Perú, en 1928, y a partir de allí su amistad se desplegó en cartas que dan cuenta del impulso vital de Blanca Luz y de las estancias de su viaje. De Lima partirá expulsada, pero no por su "intensa e implacable labor de líder de los problemas sociales" como luego se dijera, sino por su intensa vida afectiva y por la presión de la tradicional y poderosa familia de César Miró Quesada (dueños del diario El Comercio) que pretendía alejarla del heredero. Intento Infructuoso, porque Miró Quesada y Brum se encontrarán rápidamente en Chile y luego se instalarán juntos en Buenos Aires.

De sus pasos por esta ciudad quedan algunos registros: sus cartas -escritas en el papel membretado de la Unión Latinoamericana que lideraba Palacios, una novela -El reloj de las imágenes caídas - y un fantástico número de Guerrilla. Rastros esparcidos de una búsqueda ansiosa y desesperada por un mundo de aventuras y revoluciones.

Miró Quesada y otros apristas bonaerenses se burlaron de mí porque los Invité a formar un ejército libertario para ir a Nicaragua junto a las tropas de Sandino,

le escribe, el 1 de febrero de 1928. en tono de queja divertida, a quien percibe como un "santo guerrero".

Porque el creciente desprecio por el aburguesamiento de sus compañeros de ruta -fundamentalmente, el núcleo de exiliados peruanos en Buenos Aires - se recorta sobre el fantaseo de una guerrilla heroica y la nostalgia de la vida Intelectual que Mariátegui lograba agitar rompiendo el tedio limeño. Son los tiempos de la ruptura entre el fundador del Partido Socialista peruano y Haya de la Torre. Blanca Luz no duda en expresar su apoyo, Incondicional y entusiasta, a su amigo Mariátegui.

Desde Buenos Aires, la poeta retornó a su país de origen y colaboró en la sección de arte ("El arte por la revolución") de Justicia, un periódico del partido comunista. Como simpatizante y colaboradora, asistió a la Conferencia Sindical que se realizó en abril de 1929 en Montevideo, a la que arribaron militantes de toda América. En esos días, una nueva pasión por el pintor David Alfaro Siqueiros y, quizás, también por una revolución todavía cosmogónica, turbulenta y democratizadora, la lleva a México.

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En Blanca Luz, México despertó emociones contradictorias: por momentos, describe un país Insoportable, de hombres agresivos, en el que ni siquiera en el seno del partido comunista es posible hallar un grado de solidaridad; en otros relatos, esa tierra es la revelación de la fuerza de la revolución y de una cultura americana.

Su visión del país del muralismo se tensa, entonces, entre la crítica iracunda («¡tierra cochina, de hombres torvos, lujuriosos y egoístas... ¡querido qué bluff es México"!) escrita en la relativa intimidad de las cartas –que son, además, contemporáneas a los sucesos irritantes-, y el recuerdo suavizado por el tiempo y el destino de las palabras:

Por México amé a América y por primera vez sentí la arquitectura y la plástica y me hice firme en mi pasión de lucha.

Blanca vive México como una solicitud a la conversión. Como una revelación que no tiene nada que envidiarle a las apariciones angélicas ni a los trances místicos. Mariátegui había unido la utopía laica del socialismo con la fuerza que daba la fe. Ella incorporó esa unión como peculiaridad de su pensamiento. Por eso es que no puede eludir la comparación de la persecución que sufren los comunistas mexicanos con la represión de los cristeros por parte de un estado que pretendía la modernización Incluyente del país.

En México se vivía, aún, bajo la resonancia de una revolución popular. Y los gobernantes surgidos de ese proceso reclamaban la conversión del arte en obra pública y la belleza en bien accesible para todos. Los muralistas mexicanos -entre ellos, Siqueiros aprovecharon la ocasión que la revolución ofrecía para revolucionar las técnicas y concepciones artísticas, y poner en escena, juntamente, las innovaciones estilísticas y el discurso político. Frida Kahlo. sintiéndose culpable por lo imperceptible de la relación entre sus reiterados autorretratos y las luchas colectivas, imagina –y hasta pinta- caricaturas de cuadros con retratos de Marx, Stalin y Lenín. Como ella, Blanca Luz se esfuerza (no siempre con buenos resultados) en renunciar al tono intimista de sus primeros poemas para enmarcarse en la seductora grandeza de la Historia.

Entiende que debe desembarazarse de la tentación de construir obras artísticas como retratos del yo, y también olvidarse de si misma como Individuo. En Penitenciaría-Niño Perdido se manifiesta esa búsqueda de fundir la historia propia con la Historia colectiva, y su fracaso. Cada carta -porque el libro es una recopilación de las cartas que la poeta le escribió a Siqueiros mientras él estaba preso- es la exhibición de la contradicción entre lo que es vivido como tragedia personal y amorosa y la explicación histórica -esto es: en términos de clases sociales, enfrentamientos políticos- que se vuelve tan urgente como dislocada.

En esas cartas, a veces pequeñas misivas quejosas, otras eufóricas salutaciones, se evidencia el mayor interés que aún puede tener la escritura de Blanca Luz: su fuerte compromiso con un pensamiento vitalista, y la memoria de la conmoción que arrastraba esas vidas hacia la lucha revolucionaria. Las notas destinadas en principio a Siqueiros portan un relato trágico: el del dolor, la muerte, la miseria y el desencuentro amoroso. Sin embargo, son restauradoras de una cierta inocencia que hace inconclusa la tragedia. Los diminutivos, a los que Blanca Luz apela con frecuencia, hacen que su desgarro no se evidencia como grito sino como la tristeza -por momentos llorosa, por otros juguetona- de una niña. Blanca busca la suma de los diminutivos biográficos y las mayúsculas históricas.

Quien hizo del viaje un modo de vida y de la aventura un horizonte necesario, escribe pidiendo amparo para su dolor y guía para su transformación en revolucionaría. De hecho pregunta -tímida- si puede llegar a ser una pequeña Rosa Luxemburgo. Niña en su escritura, no se anima a no serlo en el terreno de la política. Sin embargo, es notorio que Blanca pide que creamos (le pide a Siqueiros, celoso y encerrado, que crea) en una impostura. Su vitalidad y su fuerza desbordan la vocecita de pobre mujer que finge tener.

Quiso ser como la heroica comunista alemana, quiso también -cuenta Graciela Sapriza, en Geografía del deseo- que sus amigos guardaran sus cartas para la posteridad, y en muchos momentos estuvo peligrosamente cerca de ser sólo una heroína de folletín. De hecho. su vida se parece demasiado a una novela por entregas, en la que se suceden pasiones, lugares, sufrimientos y conversiones. Blanca Luz, la que conoció a Mariátegui y a Sandino, podría haber ido, como Tina Modotti -otra extranjera deslumbrada por México- y tantos otros revolucionarios, a la defensa de la república española.

Sin embargo, el azar le propondría otros rumbos. En 1933, Siqueiros y Brum viajan a Uruguay. Luego de unos meses (en los que Blanca Luz colabora, una vez más, con el partido comunista, y en la organización de la Confederación de Trabajadores Intelectuales) cruzan el Río de la Plata. En Buenos Aires, Siqueiros es festejado y criticado por la elite local. Causan alarma y escándalo. Las mecenas de la Asociación de Amigos del Arte chillan frente a las telas y carraspean ante las palabras del pintor comunista. Y hasta María Rosa Oliver miraría con horror los exabruptos de Blanca Luz:

Fue como si me pícara el cuerpo entero cuando en la casa de Victoria le oí espetar a la uruguaya buena moza, en aquellos días, compañera de Siqueiros. que: 'El secuestro y la sífilis son males del capitalismo'.

La pareja tenía mal gusto o desdén por las normas de la cortesía social. El muralista que años después Intentó matar a León Trotsky fue expulsado de la Argentina, y la poeta eligió quedarse acompañando al fundador y dueño del diario Crítica. Sus pasiones, políticas y amorosas. transitarían de ahora en más sólo los países más sureños de América.

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En 1933 Blanca Luz, en Buenos Aires, colabora con la mítica revista dirigida por Raúl González Tuñón. Aquella Contra que se enfrentaba a "todas las tendencias, todas las escuelas, todas las opiniones", y que en sus páginas va anunciando la existencia de una Izquierda Intelectual heterodoxa en América. La aventurera, la ex editora de Guerrilla, publica sus poemas más encendidos de pasión revolucionaria en la revista de los francotiradores. Fotos, poemas y reseñas en tres de los cinco números de Contra manifiestan la atención que requería la presencia de Blanca. También en ese año y en la misma ciudad se publicó su Atmósfera arriba, 20 poemas.

Tuñón no escapó a la tentación de escribir sobre Brum:

Yo quisiera
anunciar la función en los circos
dando puñetazos a las estrellas rojas.
Yo quisiera escupir los vidrios de un expreso de lujo
para que rabien los millonarios.
Yo quisiera interrumpir todas las conversaciones telefónicas
para ver si encuentro una palabra, una sola palabra para mí
y abrir toda la correspondencia del mundo por ver si alguien
una sola persona. tiene un recuerdo, un solo recuerdo para mí.
Yo quisiera arrojar una bomba. derrocar un gobierno.
hacer una revolución con mis manos amigas de la luz, de la caricia.
destruir todas las tiendas de los burgueses
y todas las academias del mundo
y hacerse un cinturón bravío de rutas Inverosímiles, como
Alain Gerbault,
para que venga Blanca Luz y me ame.

Los dos libros siguientes serán editados en Chile: Blanca Luz, contra la corriente en 1936 y tres años más tarde Cantos de la Amé rica del Sur. En la primera autobiografía que esboza, Blanca traza un mapa de viajes de interpretaciones históricas, y de amistades famosas, antes que una rememoración de sus vivencias. Cuando se propone narrar su vida, termina narrándonos las de otros que tocaron los tambores -de ecos gloriosos- de la historia. Es decir, cuando no se lo propone, se convierte en testigo. y se enorgullece de la cercanía. En esos momentos, su gesto es el de empinarse para salir en la foto.

A la inversa, cuando se arriesga a las narraciones de gestas épicas -como en Cantos de la América del Sur- vuelve a poner en es cena su propia centralidad y muestra una cierta Ineficacia en su escritura política. Porque si es cierto que las temáticas centrales de ese libro de poemas son la URSS (elogiada desde «nuestra generación/ que está lista para avasallar/ las últimas fuerzas del capitalismo/ las últimas hordas del/ fascismo violento y bárbaro"), la construcción del socialismo. la guerra civil española, proclamas de los pueblos oprimidos y otros temas de evidente nobleza; también es cierto que comienza con una foto de Blanca Luz Brum (blandiendo una hoz en medio de un campo de trigo), y que está dedicado a "Roosevelt, capitán de las libertades". Eso no es todo: el primer poema -«Fortaleza del aire"- es un elogio a la Intervención benefactora de los Estados Unidos en América latina -"recibimos el canto de Walt Withman y la sonrisa del presidente Roosevelt»- y una solicitud de mayor cercanía:

Descended como enormes catedrales de acero
y de grandeza humana
en el corazón de la América del Sur.

Cada vez más, se muestra fascinada con la fuerza y con lo grandioso, aún cuando parece, en ciertos momentos, tender a la reclusión de una vida hogareña y familiar. Ese retiro fantaseado no alcanzó para eludir la actividad política: su talento para establecer relaciones cordiales la colocó (según Volodia Teitelboim) en el centro del surgimiento del Frente Popular que triunfaría, en 1938, en Chile.

Años después, Blanca Luz regresa a Buenos Aires y vive la emergencia de un acontecimiento que transforma su historia política. Ese acontecimiento es el peronismo, y Brum lo anuncia. en mayo de 1945. cuando defiende la Argentina como lugar de regeneración americana:

Por sobre todas las suspicacias internacionales nace aquí junto
al grano de trigo el Prometeo Desencadenado de un Mundo Nuevo

dice en el prólogo a 21 poetas, 21 pueblos. Y si los Cantos de la América del Sur se iniciaban con la imagen de Blanca-campesina comunista, la entrada a la compilación de poetas americanos está guardada por una foto de la escritora como diva hollywoodense. 0 como rubia argentina tratando de ser una actriz reconocida. Quiero decir: ese libro, publicado a mediados del 45, alude, claramente, al modelo de belleza que iba a ser central durante el peronismo y, por lo tanto, a la semejanza con la figura de Eva Duarte.

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No eran sólo cercanías estéticas las que la ligaban al justicialismo. Ella narra haber sido colaboradora -en el área (le Prensa de Perón desde los tiempos en los que él ocupaba la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Fermín Chávez recuerda que Blanca Luz organizó un acto contra el embajador Spruille Braden y corrió, otra vez, el riesgo del destierro. Y Guillermo Patricio Kelly asegura que ese destierro llegó, pero por motivos amorosos: "Eva echa de la casa a una mujer que vivía con el coronel. Esa mujer había sido Blanca, la gringa, Evita le dio 48 horas para que se fuera del departamento." Si eso fue cierto, no menguó el entusiasmo de la uruguaya por Eva Perón.

El tránsito de Blanca Luz hacia el peronismo es correlativo a la conversión de su misticismo cosmogónico, más bien panteísta. hacia un catolicismo ferviente. Dios y Perón vendrían a ocupar el sitio que Marx y Lenin habían abandonado, pero, posiblemente, su modo de pensar la política tuviera notorias continuidades: la bús queda de una conexión con el pueblo, la necesidad de creer antes que racionalizar, la inclinación a los actos aventurados y apasionados (el "vivir peligrosamente"), la apelación al pensamiento de Mariátegui y un arraigo vital de toda idea. La anécdota más memorable de su militancia peronista fue su colaboración protagónica -en 1957- en la fuga de Kelly de la cárcel de Punta Arenas, si bien a ella le gustaba reclamar una incomprobable gestión exitosa ante Perón -encargada por Eguren y Cooke- para lograr el acuerdo con Frondizi. (Improbable porque en la correspondencia entre Perón y Cooke, el ex diputado no la trata con demasiada simpatía, sus referencias a ella están teñidas de un gran fastidio) Kelly huyó del penal disfrazado de la hija de Blanca Luz, que iba asiduamente a la cárcel para acostumbrar a los guardias a su presencia.

El dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista dice en –Kelly cuenta todo- que conoció a la uruguaya por Intermedio de su compañero de prisión -y amigo de ella- John William Cooke. Y que luego de su aventura compartida, Blanca escribió un libro de poemas -cuya existencia es, por ahora, inverificable- al que llamó De una burguesa al terrible Kelly. Si no el libro -que desconozco- pero sí la cercanía de Cooke y la colaboración de Blanca Luz en la fuga, evidencian la fascinación que provocaba Kelly como hombre de acción. Cuya fama, se sabe. fue acrecentada por la acción de un reportero que no dudó en compararlo con James Bond y destinarle su peculiar prosa al nacionalista más aventurero. Ese periodista se llamaba Gabriel García Márquez y en "Kelly sale de la penumbra", afirma que Blanca fue encarcelada luego de la fuga: "Kelly cumplió su deber de caballero. Fue a darle las gracias a la poetisa Blanca Luz, en el correccional de mujeres, disfrazado de sacerdote. Fue una visita de 56 minutos en presencia de dos guardias."

Poco tiempo estuvo en la Argentina postperonista: a mediados del '56 vuelve a Chile. Y su estancia allí se convertiría en una suerte de reclusión luego de la ayuda a Kelly. Sin veredictos oficiales ni condena explícita, Blanca va a vivir, en los años siguientes, en el retiro solitario de la isla de Robinson Crouseau. Esto es, en una de las islas de Juan Fernández. habitada por algunos pescadores y por la poeta. Es posiblemente que esa isla fuera la que Sarmiento llama "Más-a-fuera-", y con cuya descripción comienza el relato epistolar de sus Viajes. A Blanca, más de un siglo después, ese retiro solitario la hizo sentir pionera y, al mismo tiempo le ofrendó historias para narrar.

Recién en 1973, Blanca Luz regresa a la Argentina, y sólo para asistir a la asunción de Perón. Un año antes obla su aporte a las narraciones nacionales. Bajo el título En brazos de su pueblo regresa Perón se publica su visión del peronismo, de su ideología y de los sucesos históricos en los que se fue manifestando como movimiento político y social. Esa visión es, por lo menos, sorprendente. Pero no deja de ser Interesante, porque preanuncia a la vez el último derrotero de Blanca y las elecciones finales de Perón.

 


Blanca Luz Blum

Blanca se esfuerza por excusar al peronismo ante sus dos antagonistas clásicos: Estados Unidos y la Iglesia Católica. En 1972 se aplica a diluir el componente antiimperialista y el matiz herético que seducía a los jóvenes recién incorporados al movimiento. Y, al mismo tiempo. indica que un elemento central del Justicialismo es su tarea de "mantener a raya" al comunismo. Blanca Luz -en el marco de un relato megalómano de su Intensa e imprescindible presencia en el desarrollo de la historia- no percibe a la oligarquía como enemigo a combatir sino que carga contra las desviaciones de la ortodoxia peronista.

Recuerda -y el destinatario es evidente- que
ha sido por medio de las urnas, y no por la violencia, que el pueblo
peronista ha conocido el valor de la verdadera democracia cuando es
ejercida dignamente.

Y clama:

Roguemos a Dios... que las armas magníficas de la Democracia Popular sigan siendo las verdaderas armas que ha de esgrimir mañana el pueblo peronista para conquistar el poder.

Ella, que vino a la consagración presidencial de Perón, estaba aterrada por el triunfo, en Chile, del presidente que fue vivado en la asunción de Cámpora. Blanca Luz temía al triunfo de la Unidad Popular, a la violencia comunista y a las herejías juveniles. Cuando ya no quedaban rastros de su despiadada belleza ni de sus Insurgentes ímpetus, fue condecorada por Pinochet, a quien había apoyado en su tenaz enfrentamiento con la subversión apátrida. Dando la razón a aquellos que dicen que ningún hombre es hasta su muerte (porque siempre puede ir siendo otro), y luego de vivir demasiados años, Blanca Luz Brum murió en 1985. Su pasión por la vida, y su fascinación por el poder, fueron delineando un trayecto extraño, que si bien repitió algunos movimientos clásicos -el del desplazamiento de la izquierda a la derecha, o, como decía Lugones, el tiempo que va desde los jovencitos que rompen vidrios hasta esos jóvenes convertidos en adultos que los colocan-, tuvo la peculiaridad de una gran Intensidad en cada momento. Blanca Luz no fue un poco de Izquierda, más o menos peronista, y silenciosa simpatizante de la dictadura chilena; fue, en cada momento, alguien que necesitaba gritar su pertenencia y que sostenía creencias fuertes sin fisuras y sin dudas. De allí, su conversión final al catolicismo, que no fue otra cosa que la última de las religiones que sostuvo alguien que, toda su vida, pensó religiosamente.

 

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