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 NUEVA ENTREGA DE LA BIBLIOTECA VIRTUAL DE DESMEMORIA

 
"Nomenclatura y Apología del Carajo"
 

 
UN POEMA CURIOSO DE ACUÑA DE FIGUEROA

Francisco Acuña de Figueroa (1790-1862) versificó el himno nacional uruguayo y curiosamente también el paraguayo. No alcanzó en el tono heroico o elegíaco, sin embargo, una eficacia que superara a los poetas rioplatenses de su época y estilo. Alberto Zum Felde, el otrora famoso crítico uruguayo de origen argentino, con alguna severidad, manifiesta que en esa modalidad sus composiciones "son tan frías, hinchadas y ramplonas, y tan recargadas de cachivachería mitológica (que) carecía en absoluto, su imaginación, de ardor y vuelo heroicos".

Mejor suerte le supo, al parecer, con los temas de carácter satírico y burlesco (vg. "La malambrunada", su obra de más aliento), retratos caricaturescos de la sociedad montevideana, de elaboración clásica perfecta y notable maestría, cultor de la bufa certera y alegórica, simbolizando, casi siempre, lo feo, absurdo y maligno. Esa actitud de denuncia y hostigamiento desde lo literario le valió no pocos enemigos y detractores.

Su opúsculo "Nomenclatura y Apología del Carajo", fue publicado en Montevideo, en 1922, "para la circulación privada". Impreso en formato menor (16 x 13 ctms.), consta de catorce páginas que recogen la extensa composición en 31 cuartetas endecasilábicas, prolijamente rimadas (ACBD, unas; otras, ADBC). Lleva un prefacio de "El Editor" (sic), (quien sería según la tradición oral el conocido editor de la época, Don Claudio García), donde éste se justifica de hacerla pública "porque al mismo tiempo que doy a conocer un trabajo completamente desconocido, digno por su singular rareza que exalta la extraordinaria facilidad para versificar del fecundo vate, demuestra lo rico que es el idioma castellano".

Anticipa el editor que "es posible que algunos consideren inconveniente o impropia esta publicación por creer que así contribuimos al relajamiento moral de nuestra civilización febril y vertiginosa; pero las censuras de estos moralistas escrupulosos no me preocupan mayormente por cuanto (la) presente edición circulará privadamente y entre determinadas personas como se ha hecho en Buenos Aires, con las producciones de esta misma índole de Juan Cruz Varela y Florencio Madero"".

En efecto "Nomenclatura y Apología del Carajo" está plagada de sinónimos, aunque los vocablos lleven implícitos una carga sexual, procaz, grosera o vulgar. Algunas voces viven incluidas en la lengua española oficializada y otras pertenecen aún al vocabulario familiar, licencioso y hasta pornográfico, acerca del que se han ocupado muchos investigadores del habla lunfardesca; entre ellos, el recordado Dn. Enrique Ricardo Del Valle en su libro "Lunfardología" y en otros trabajos y comunicaciones.

Elabore el lector su juicio propio una vez corroborado el texto que, en fotocopia acompaño, de la edición a que nos referimos en párrafos anteriores. Creemos que la curiosidad del poema justifica la presente publicación.

Miguel Unamuno

 

 

Nomenclatura y Apología del Carajo.

 

 
 

 
PREFACIO

El autor de esta producción, según un reputado publicista y literato de éste país, es el poeta festivo, satírico y epigramático don Francisco Acuña de Figueroa, inteligencia peregrina, gloria no sólo del Uruguay, su cuna, sino del Nuevo Mundo.

Me he determinado a publicarla porque al mismo tiempo que doy a conocer un trabajo completamente desconocido, digno por su singular rareza que exalta la extraordinaria facilidad para versificar del fecundo vate_ demuestro lo rico que es el idioma castellano.

Es posible que algunos consideren inconveniente o impropia esta publicación por creer que así contribuimos al relajamiento moral de nuestra civilización febril y vertiginosa; pero las censuras de éstos moralistas no me preocupan mayormente por cuanto considero la "Nomenclatura y Apología del Carajo" una obra de erudición lexicográfica. Pocos poetas americanos han escrito mejor, con mas pureza la lengua española que Acuña de Figueroa cuyo innegable talento le permitía abordar todos los temas y todos los metros.

Por otra parte, me interesa dejar la debida constancia, que la presente edición circulará privadamente y entre determinadas personas como se ha hecho en Buenos Aires, con las producciones de ésta misma índole de Juan Cruz Varela y Florencio Madero.

EL EDITOR.

 

 
Nomenclatura y Apología del Carajo.

La lengua castellana es tan copiosa,
En voces y sinónimos, tan rica,
Que con nombres diversos, cualquier cosa
O con varias metáforas explica
 
Monarca Soberano, y Rey... ¡qué encanto!
Todo es un mismo nombre repetido;
Y tres veces también con un sentido
Son, Pontífice; Papa, y Padre Santo.
 
Pero hay de grande aprecio entre los hombres,
Un cierto pajarraco, o alimaña,
Que tiene más sinónimos, y nombres
Que títulos tenia el Rey de España.
 
 
Yo, por tal de evitárosle trabajo
De una investigación algo penosa,
Diré que esa alimaña, o quisicosa
No es el Papa, ni el Rey sino... el Carajo!
 
Miembro Viril, o miembro solamente
Le llama el diccionario... ¡Qué Mezquino!
Sus nombres en el uso más frecuente
Son el nabo, el zurriago, y el pepino
 
El cimborio, la tripa, y el virote
(flores son de la Lengua Castellana)
el visnago, la pica y la macana
son como la mazorca y el cipote.
 
El príapo, la porra, y el chorizo
El rábano, la pija, y el badajo;
Picha y ciruela en Español castizo
Son sinónimos todos del Carajo.
 
El vergajo; la guasca, y mango
el tarugo, el lenguado, y la banana
el pito, y el vitoque... es cosa llana
que equivalen al chocho, y al zanguango.
 
La butifarra, el tronco, y la batata
O el lagarto, le llama cualquier topo
el aquello, o la cosa, la Beata
y el Fraile, la correa, y el hisopo.
 
Muchos suelen llamarle, el trompo, el sapo
otros, el motillón, y el calabrote;
los músicos, la flauta, o el fagote
y el artillero espeque, o sacatrapo.
 
Siguiendo a la metáfora la hebra
Llámanle, el narigón, el nene, el chato
el tramojo, el merengue y de barato,
van péndulo, panal, bicho y culebra.
 
La berenjena, la pistola, el dómine,
bien lo sabe cualquiera chuchumeco
todos vienen a ser Carajo "in nomine"
lo mismo que el gazapo, y el muñeco.
 
En el estilo vulgar, llámanle el rabo
y algunos el peludo... ¡Impropio nombre!
pues por más pendejudo que sea un hombre
no tiene tales pelos en el nabo!
 
Tiene otros cien apodos que no cuento
que aplica cada cual, según su antojo
como el corvo, la pieza, el instrumento.
el mondongo, el apéndice, el hinojo.
 
El negocio, la polla, y la poronga
van como suplemento... y pica punto
que no falta purista que suponga
que esto el miembro, y cojones todo junto.
 
He aquí en todas sus fases, y conforme
a la ley, por el uso sancionada
con setenta y tres nombres señalada
aquella quisicosa-multiforme.
 
La cajeta de nombres menos rica
no puede competirle y alza moño
aunque ostenta sus títulos, de Chica
o de raja, argolla, concha y coño.
 
Lejos de competirle, queda abajo
En buena hora, le añadan papo, y chocho,
Nombres de morondanga... Ellos son ocho
Y entre todos no valen un ¡Carajo!.
 
Yo, en cualquiera emoción, desahogo el pecho
Cuando un fuerte ¡Carajo! desembucho...
Interjección potente del despecho
Que si es echada a tiempo, vale mucho.
 
Del sexto en los sentidos corporales,
es el carajo la mejor prescea;
y más si es de esos miembros burricales
que ostentan a la par Fajardo y Zea.
 
Palabra comodín, que entra al destajo
en todo, pues se dice sin reproche,
fría como un Carajo está la noche
O caliente está el sol, como un Carajo.
 
Un buen gallo contenta a cien gallinas
y a diez hembras, cualquier mameluco
y por ser bien armado, el Rey Nabuco,
se preñó a cuatro cientas concubinas.
 
No me vengan hipócritas devotos,
tratando de indecentes mis razones,
ellos dicen, testículos y escrotos,
y se asustan de huevos y cojones.
 
El venerable Astete, sin reparo,
Y en verdad que ninguno lo acrimina
No fornicar prescribe en su doctrina
que es decir, no joder hablando claro.
 
Masturbación... ¡satánico delito!
Clama el predicador; pero un galopo
sigue en la tanda de sobarse el pito
¿Porqué? Porque no entiende aquel piropo.
 
En asunto de nabo, o de cajeta
pan, pan, y vino, vino, es lo acertado
dígase claramente que es pecado
el hacerse la paja o la puñeta.
 
El profeta Ezequiel, dis que Doliba
se entregaba a cualquiera rodaballo
con tal de que le arrimasen panza arriba
Verga de burro, y chorro de caballo.
 
Un Carajo de un seme, grueso y sano
es digno de coronas y guirnaldas
Así ante tan potente soberano
Las Nobles y plebeyas, caen de espaldas.
 
 
Hay de Carajos, variedad bastante
Largos, cortos, redondos, puntiagudos!
derechos y torcidos, servigudos!
Y romos y de punta de Diamante.
 
Si el miembro de botón, como el de un perro
se engancha al fornicar y es un estorbo
y es bueno que sea duro, como un hierro
y es mejor es derecho, que no corvo.
 
En fin, aquí termina mi trabajo
Si algún censor severo lo condena
Que me eche un buen Carajo... en hora buena
¡Que más quisiera yo, que un buen Carajo!.
 
FIN.

 

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